Salimos desde Lepe poco antes de las ocho de la mañana rumbo a Oporto, donde Parra y yo tendríamos que encontrarnos con Eva Pubill para adentrarnos juntos por las tierras del Duero.
Después de cruzar el Puente 25 de abril de Lisboa, sobre el Tajo, y de apreciar el precioso barrio de Belem y sus exquisitos pasteles de nata, desapareció la lluvia que nos había estado acompañando por la carretera algarvía y alentejana. Proseguimos la ruta y a la hora de comer estábamos ya en Coimbra, a orillas del río Mondego. Las casitas dando vida a la colina sobre la que se alza la antiquísima y prestigiosa Universidad de Coimbra, los callejones con gatos, las palomas en los tejados de las casas decoradas con artesanales azulejos... Portugal en estado puro.
Continuamos hasta Oporto por una nacional que atraviesa bosques inmensos, repletos y frondosos, como si los incendios que asolaron el país hace escasos años nunca se hubieran producido. De vez en cuando aparece en la carretera un cartel anunciando un puesto de venta de cerezas o de manzanas exquisitas, o una casa de pasto ofreciendo un buen café para seguir la ruta...
Así llegamos al aeropuerto de Oporto, donde Eva nos esperaba y se unía en este corto aunque intenso viaje de dos días y medio.
No costó mucho encontrar alojamiento en Oporto, una preciosa casa restaurada, en pleno centro, junto a la Universidad y la iglesia do Carmo, a escasos metros de la popular avenida Aliados. Pensao Duas Naçoes, con un ambiente muy internacional y alternativo, que se aprecia cuando se sube o se baja por las crujientes escaleras de madera del establecimiento.
Oporto es difícil de describir... el barrio de la Ribeira con sus casitas de colores, sus callejones estrechos y empinados, su olor característico a río, sus gatos, sus macetas, su gente asomada a los balcones que miran al Duero y a la orilla de Vila Nova de Gaia, sus azulejos cocidos en hornos de siglos pasados... Y luego están esas decenas de iglesias tan características, con escenas bíblicas expresadas en azulejos blancos y azules; o sus tradicionales comercios de embutidos, quesos o frutas; su concurrido mercado de Bolhao; sus plazas llenas de vida; sus puentes maravillosos mostrando el Duero en todo su esplendor hasta llegar a la foz –desembocadura- en el Atlántico.
Por supuesto, no podíamos irnos de Oporto sin probar una nueva forma de cocinar el bacalao (al estilo de Braga) y de probar el vinho... caminando por Vila Nova de Gaia, en la otra orilla del río, un pueblo que congrega todas las bodegas de vino de Oporto y desde el que se tienen unas privilegiadas vistas del barrio de la Ribeira, coronado por las torres de las iglesias de la zona alta de la ciudad.
La última jornada fu
Las campanas repicaban de forma constante, de la misma forma que en los países musulmanes los almuédanos llaman a la oración desde los minaretes de las mezquitas. Pero, a pesar de ese inmenso sentido religioso, Braga es una ciudad moderna, con muchos comercios animados y coloridos adornos en las calles.
Tuvimos que volver a Oporto para dejar a Eva, que pronto cogería su avión de regreso a Barcelona, aunque Parra y yo tomamos rumbo al sur para poder estar por la noche en Lepe, más allá del Guadiana que separa Andalucía del Algarve.
La siguiente parada fue en Figueira de Foz, donde desemboca el río Mondego, con un espectacular delta donde se cultiva arroz y se alinean inmensas salinas sobrevoladas por gaviotas. Después del almuerzo tomamos la carretera de la costa hasta Batalha, donde se nos presentó ante los ojos –como si se tratase de una aparición- la grandiosa obra gótica que es la basílica de Ntra. Sra. de la Victoria: una maravilla. Y claro, ¿quién no cerraba con una visita a Fátima después de un día marcado por la arquitectura religiosa? Así que Parra y yo nos plantamos en el monasterio a contemplar lo que la fe es capaz de mover... cientos de autobuses, peregrinos de todo el mundo, obras faraónicas...
Seguimos bajando hacia el sur, atravesamos el larguísimo puente Vasco de Gama sobre el Tajo y nuevamente cruzamos el Alentejo y el Algarve –esta vez sin lluvia y con mucha luz- rumbo a casa.
Un fin de semana más que aprovechado; y una nueva visita a Portugal, la tierra de nuestros vecinos a la que tantas y tantas veces me gusta escapar.
Bom viagem!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada