martes 1 de julio de 2008

Marruecos: Al sur del sur

Recortes de un diario de viaje
Un par de viajeros, dos pasaportes; un coche cargado de juguetes, caramelos, ropa, material escolar y muchas ganas de aprender y conocer… Así comienza un viaje por el vecino Marruecos, desde la frontera de Ceuta hasta los límites con Argelia y Mauritania, pasando por aldeas bereberes, cordilleras nevadas, dunas de terciopelo, oasis a la orilla de ríos plateados, ciudades imperiales, zocos laberínticos y acantilados sobre playas interminables… No, esto no es un rally sino todo lo contrario. Recorrer Marruecos es olvidarse de la velocidad y la prisa porque el tiempo se mide al ritmo del té.

29-11-2006 Chefchaouen:
“La ciudad está tomada por policías llegados de todos los puntos del país, militares, instaladores de vallas y banderas, agentes de seguridad real, grúas y un sinfín de infraestructuras especialmente previstas para la visita de Mohamed VI (la tercera en diez meses a esta ciudad norteña). Miles de personas han llegado de otros lugares de la región para poder ver personalmente al Rey. Cuentan que se pasea solo por las calles de Chefchaouen, por los montes del Rif y que está construyendo un palacio para sus próximas visitas. El pueblo lo adora, lo aplaude, le rinde todo tipo de honores… a pesar de la pobreza, el hambre o el desempleo alarmante”.
“Los niños hoy no han tenido colegio (los que van habitualmente, claro) y desfilan gritando por las calles y entonando cánticos de alabanza a su divino monarca. Nos mimetizamos entre la población; colocados tras unas vallas esperamos a que al fin pase el coche del Rey, que saluda a uno y otro lado de la calle desde los asientos traseros de su flamante descapotable”.

2-12-2006 Meknes:
“Hace frío y llueve. Nos refugiamos en un curioso bar en el que decenas de hombres siguen en un antiquísimo aparato de televisión un partido de fútbol entre un equipo marroquí y otro tunecino. Pierde el marroquí, así que los hombres se enfadan y levantan de sus sillas protestando. Toman té y café, juegan a las cartas y el parchís, fuman y charlan a gritos. Me pregunto por qué ninguno está trabajando. El ambiente está cargado por la derrota. De vez en cuando alguien nos mira, pero está claro que ser extranjeros en un día como hoy no es ninguna atracción… el fútbol es el fútbol también en este país. No hay mujeres en el local”.
“Caminando por la medina hemos llegado a un curioso barecillo. No hay menú ni carta. No pedimos. El dueño del bar, Ibrahim, nos sirve la comida que él estima conveniente: ensalada, berenjenas, verdura salteada, pescado frito, tajine de sardinas y una fuente de naranjas mandarinas. Llueve mucho y del techo de chapa nos caen algunas gotas de vez en cuando. Creo que hemos pagado, al cambio, unos cinco euros por todo… Necesito cargar las pilas de la cámara de fotos; Ibrahim me indica que no me preocupe, desconecta el frigorífico y coloca mi cargador en el único enchufe de su restaurante”.

3-12-2006 Meknes-Azrou:
“Llevamos caramelos, juguetes, biberones, ropa de niño y material escolar al orfanato de la Fundación Rita Zniber. Está en la planta quinta de un hospital. Hemos despertado gran expectación entre el personal médico y los propios huérfanos cuando nos han visto con las cajas y las bolsas. Los mayores no paran de darnos conversación, preguntan por España, el fútbol, nuestros nombres, nuestra vida… Los pequeños están en cunas, toman el biberón y miran fijamente los movimientos, estimulados con nuestra llegada. Durante algunas horas nuestra visita proporciona una película en tres dimensiones a los internos y a los propios trabajadores de la fundación; sin duda ha sido un día diferente para todos. El pequeño Nasser quiere que lo apadrine y lo lleve conmigo a conocer el desierto”.
“Ha sido especialmente complicado entender que casi doscientos niños se amontonen en unos poco metros cuadrados durante toda su infancia y adolescencia, sin otro cariño que el de sus cuidadores, mientras miles de familias en Occidente aguardan durante años en listas de espera para poder formalizar una adopción. A pesar de la paradoja, la experiencia ha sido muy rica”.

5-12-2006 Midelt-Izougaghen:
“Al salir de Midelt en dirección a las antiguas minas de plomo (que explotaban los franceses hasta el siglo pasado), las vistas de Yébel Ayachi son magníficas. La nieve, brillante por el sol, contrasta con los rojos y rosados de la tierra pedregosa que va conformando la hamada. Comienzan los desfiladeros del río Moulouya poco antes de llegar a Aouli, el único pueblo que queda en el camino. El curso del río es curioso porque el agua, a pesar del mineral que arrastra, tiene color azulado”.
“Al llegar a las minas el paisaje es desolador. No sólo la mina, sino las casas, barracones, almacenes, cine… están abandonados y deteriorados en grado extremo. Alguien grita llamándonos. Es una niña, Aziza, dice que su familia es la única que vive en ese fantasmagórico lugar y que su padre es el guardián… la situación es surreal: no hay nada que guardar”.
“Nos invita a tomar el té en su casa, que no es otra cosa que un pequeño almacén de la mina medio acondicionado con un horno para cocinar y calentarse, un radiocasete y algunas mantas para la noche. El té desemboca en toda una jornada con nuestros anfitriones, una familia bereber de las montañas del Medio Atlas compuesta por Asó, el padre; Etó, la madre; Aziza, la pequeña y Bedda, que acaba de cumplir dieciocho años; los demás hermanos han buscado mejor fortuna en otras partes del país”.
“Bedda quiere ir a trabajar a España. No le importa de qué. Quiere que su padre me dé dinero para que yo le compre un contrato. Con palabras fáciles intento explicarle que la cuestión no es tan sencilla y que España no es el país de las maravillas que ella sueña. Sin embargo no hay modo de que vea las cosas con más calma; insiste en saber en qué mes podrá ir a trabajar a España. Mientras Etó cocina un gran cous-cous, Aziza nos canta canciones bereberes y Bedda amasa el pan convencida de que seremos su pasaporte a Europa: El lugar y los personajes son tan bucólicos como anacrónicos… son los protagonistas de una tragicomedia”.

7-12-2006 Rissani-Merzouga:
“Amanece. Desde la ventana del hotel se percibe cómo empieza la vida en esta ciudad de bicicletas… Hombres con chilaba, casi todos de tez negra, empiezan a escoger las mejores esquinas para sentarse y, a lo largo del día, se moverán apenas levemente al mismo ritmo que lo va haciendo el sol. Las mujeres van cubiertas en extremo. A veces tengo la sensación de estar en Irán o en Yemen”.
“Comienza una larga caminata por el zoco semanal de la ciudad. Están cargados de color los mercados de verdura, frutas, especies, pasteles, carnes e incluso pescado. Me llaman especialmente la atención los puestos de remedios para todo: charlatanes vociferando y haciendo demostraciones de algunas soluciones milagrosas para la calvicie, los dolores de reuma o la impotencia… a precios tan irrisorios como sus potenciales resultados”.
“Salimos de Rissani rumbo a las aldeas de los alrededores, salpicadas de antiguas kasbahs en las que los niños hacen de guías mostrando los detalles más curiosos de esas construcciones de adobe centenarias: los palomares, las azoteas, los pozos… Repartimos caramelos, lápices y bolígrafos a diestro y siniestro; los pequeños quieren que les hagamos fotos mientras lucen enormes e ingenuas sonrisas”.
“Ponemos rumbo a Merzouga con la esperanza de ver la puesta de sol en alguna de las espectaculares dunas (…) Justo llegamos cuando el sol va cayendo y tiñendo el horizonte de todas las gamas imaginables de naranjas y rosados”.

9-12-2006 Tazarine-Nkol-Agdz:
“En algunos momentos de este viaje he tenido la sensación de estar en Irán, otras en Jordania, en Egipto, en Yemen e incluso en España. Ahora tengo la sensación de estar en la Luna, entre los cráteres de un volcán, en el oeste americano, en la sabana africana… e incluso en otro planeta. El paisaje se va transformando por metros. ¡Vaya país de contrastes que es éste! Bordeamos el Yébel Ougnat, una cordillera paralela al Alto Atlas. En una de nuestras escalas paramos junto a la jaima de una familia bereber nómada que pastorea con ovejas y carneros. Les dejamos ropa y juguetes (quizá los primeros que hayan tenido nunca los niños, a juzgar por la cara que han puesto al verlos) y nos corresponden ofreciéndonos té y pan con una curiosa sopa a base de patatas y zanahorias guisadas. La hospitalidad de bereberes y árabes es siempre sorprendente”.
“Llegamos a Agdz. Es de noche pero consigo orientarme un poco hasta dar con la kasbah en la que vive la familia de Fátima, a la que conocí el año pasado. Caminar por las calles de adobe, a oscuras y sin otra luz que la de las miles de estrellas que se aprecian en estas latitudes es una experiencia difícil de describir por su belleza. No creo que sea egoísta decir que es una auténtica suerte que no exista alumbrado público en este lejano lugar”.
“La familia de Fátima se emociona al vernos. Besos, abrazos, regalos; comenzamos con el té, la sesión de henna en manos y pies, el gran cous-cous, la risa de los niños que nos permite comunicarnos en ese lenguaje tan internacional… Es casi madrugada; Fátima insiste en que durmamos en su acogedora casa de adobe y nos prepara un cesto con dátiles y almendras para el camino del día siguiente. Al despedirme tengo la sensación de dejar en Agdz a parte de mi familia”.

11-12-2006 Ouerzazate-Taliouine-Taroudant:
“Por fin podemos salir de Ouerzazate después de estos dos días retenidos. Parece que el temporal de nieve ha amainado un poco en el sur dirección a Agadir, aunque las carreteras hacia el norte y especialmente hacia Marrakech siguen cortadas. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta si se podrá o no circular. Nos arriesgamos”.
“Subimos un puerto de montaña. Todo está cubierto de nieve. Por suerte la carretera no tiene hielo. Durante unas horas el único paisaje que nos acompaña es el de los picos y las palmeras cubiertas de blanco. Poco a poco las montañas de las estribaciones del Alto Atlas van dejando paso al Antiatlas y a pueblos diseminados por una extensa llanura en la que la nieve y la lluvia van desapareciendo y en su lugar se descubren pastores, burros cargados de leña, ovejas, lavanderas a la orilla de los ríos, palmeras espigadas, alguna que otra tetería de carretera…”.
“En breve alcanzamos Taliouine. Hoy hay zoco regional con cientos de puestos de verduras y frutas, alfombras, utensilios del hogar, aperos de labranza, gallinas y pavos, plásticos para construir chozas. Desde los caminos de las montañas bajan camionetas con gente apelotonada aprovechando cualquier hueco de los vehículos: es día de compras y ventas”.
“Encontramos un curioso lugar para comer; la comida se sirve en unos pequeños habitáculos sobre esterillas en el suelo (hay incluso quien la lleva desde su casa y sólo pide una pequeña bombona para calentarla), sin duda se trata de un establecimiento de uso para los propios vendedores del zoco. Nuestra llegada no es rechazada, aunque es motivo de sorpresa y curiosidad. Creo que somos los únicos extranjeros de la ciudad. El tajine; el mejor del viaje. Nos invitan a un té exquisito”.

13-12-2006 Inmouzer des Ida-Tamri:
“El recorrido se me asemeja al paisaje de las sierras de Jaén. Desde Inmouzer partimos a visitar un olivar junto a unas famosas cascadas que ahora no tienen agua… el cambio climático nos afecta a todos. Algunas niñas cogen aceitunas. Atravesamos el valle del Paraíso, en el que se mezclan arganes, palmeras datileras, olivos y retamas y en el que hacen de telón de fondo unos impresionantes desfiladeros con decenas de metros de altura”.
“Es de noche. Huele a mar. Por fin hemos alcanzado la costa atlántica”.

14-12-2006 Tamri-Essaouira-Safi:
“Essaouira está tal y como la recordaba. Sus fachadas blancas y azules, su trazado destartalado, sus murallas portuguesas y su medina llena de bullicio, vendedores de productos elaborados con madera de tuya, exquisitos dulces bañados en miel…”
“En el puerto el mercado de pescado y marisco tiene una actividad intensa. Hay miles de gaviotas revoloteando y de gatos esperando su recompensa. Los barcos entran y salen. Todo está impregnado de ese olor y sabor peculiar que tienen las ciudades portuarias”.
“Tomando un té entablamos conversación con un señor que nos pregunta de dónde venimos. Dice que vive en Madrid y que está en Marruecos para celebrar con su familia la fiesta del cordero a finales de mes. Lo imaginaba, ha estado trabajando en Lepe hace algunos años, así que me da recuerdos para algunos amigos que hizo. Es fascinante que el mundo sea tan pequeño”.

15-12-2006 Safi-Oualidia-El Jadida:
“He decidido entrar en un hamman [baño árabe]. He llevado todos los preparos para una sesión de intensa higiene, agua caliente y vapor, aunque allí me han dado varios cubos. El lugar está lleno de mujeres mayores, jóvenes y niñas; algunas me miran con curiosidad, especialmente las pequeñas. Junto a mí hay una chica que me indica cuáles son los grifos de agua fría y cuáles de agua caliente, además me da conversación. El hamman es de por sí un espectáculo: las mujeres, desnudas, se frotan y enjabonan una y mil veces, se lavan el pelo y lo peinan con una delicadeza exquisita. Un ritual que se realiza en familia y que se suele repetir cada semana. Salgo del hamman no sólo limpia y con la piel suave, sino completamente relajada por el efecto del vapor y el calor. Es un momento ideal para tomar un té con hierbabuena”.

16-12-2006 El Jadida-Azemmour-Rabat:
“Perderse por las calles de la medina de Azemmour se ha convertido en uno de los mayores atractivos de este viaje. Cualquier rincón ofrece un encuadre magnífico para hacer una foto llena de matices. El lugar tiene un encanto parecido al de Chefchaouen pero, en lugar de la montaña, tiene a su alrededor la desembocadura del río Oum Rbia en el Atlántico y cientos de pájaros en las orillas”.
“La muralla deja entrever lo que en su día debió ser esta ciudad; poblada por los portugueses que dominaron gran parte de la costa. Hoy, aún, algunas casas recuerdan aquellos años de esplendor, especialmente las que han sido restauradas por los europeos que están viendo en el incipiente turismo marroquí un filón en el que invertir”.

17-12-2006 Rabat-Tetuán-Ceuta-Algeciras:
“Rabat es una ciudad impresionante. Llena de riqueza histórica y cultural, con una medina entretenida, barrios llenos de encanto… es grande y con muchísima actividad política y económica, ordenada y moderna, para nada caótica como la maravillosa Marrakech. Lo único negativo que le encuentro es que a las diez de la noche no tiene ninguna vida”.
“Sólo pensar en la vuelta me entristece. Atravesamos Rabat hasta alcanzar la autopista de peaje que lleva a Tetuán…, es de bastante calidad, aunque el recorrido y el paisaje se hace bastante monótono, sólo animado porque de vez cuando en algún punto de la autopista puede aparecer un vendedor de bellotas o de miel, alguien ofreciendo pollos vivos, y hasta gente que incluso cruza en silla de ruedas…”.
“Pasar la frontera nos lleva casi una hora entre sellos, papeleos y excursiones por las ventanillas (…) tomamos el barco de la tarde, pero es de noche y no se ve nada, tan sólo las luces a uno y otro lado del Estrecho, las de Europa y las de África; las del sur y las del sur del sur…”.